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    jueves, 6 de febrero de 2014

    Un barrikatarra made in Caracas


    Mi primera entrada debió versar sobre mi procedencia, de manera de informar a quienes aún no me conocen de donde soy, que hago, o donde vivo.



    Debería haber comenzado por decir que soy venezolano, nacido en Caracas, para más referencias. Decir también que la casa donde nací, crecí y vivía hasta venirme a vivir aquí está al noreste de esa ciudad. 

    Decirles que, cada mañana me levantaba y cuando tomaba café lo hacía desde una terraza donde hay una hermosa vista al Ávila, esa hermosa montaña que separa a Caracas del mar, que es pulmón de la urbe caribeña y centro de las miradas de todos los habitantes y paseantes de tan agitada metrópolis. 



    El Ávila es el corazón de Caracas y todas las personas que conocen la ciudad pueden sentir la magia de esta gran y longitudinal montaña. Magia que se ve y se siente en su cambiante color, a veces un verde muy intenso, otras tantas verde más claro y hacia el final de la tarde es de un azul verdoso, que con la entrada de la noche se va tornando muy azul, casi rosando con el negro.



    Escribir de esta ciudad me llena de recuerdos, pero pensar en el Ávila me llena de energía y sólo atisbo a repetirme calladamente aquellas frases que califican a Caracas como la sultana del Ávila.

    Para mí hoy Caracas es una hermosa ciudad, caótica, insegura, pero llena de belleza. Belleza y carácter que le brinda esa enigmática montaña que tantos placeres me ha brindado.



    Pero debo decir que inicialmente quería hablar hoy de Barrika, de ese pueblito de la costa vizcaína que me ha llenado de alegrías, amores, soledades al tiempo que me he ido acostumbrando a vivir entre los vascos.


    miércoles, 5 de febrero de 2014

    Las fiestas por venir...


    Hace pocos días estábamos con los preparativos de navidad, los regalos de noche buena, la comida de navidad, dónde recibiríamos el año nuevo, qué haríamos el uno de enero. En fin.

    Total que ya hoy estamos en el 2014, pensando en los carnavales. Y habrá algún osado que ya hasta tendrá muy planificados sus días libres por Semana Santa. Yo apenas estoy pensando en el carnaval, sin posibilidad de viajes, pero si con ganas de pasármelo bien en Bilbao o en mi propio pueblo, Barrika.


    Allí en mi pueblo se hacen algunas actividades para el disfrute de todos, en especial de los niños. Y es que los niños son los que más se disfrutan todas las fiestas.  Ellos sólo se dedican a soñar con las fiestas, no las imaginan, no las recrean ni las anticipan, sólo las esperan y llegadas las viven a plenitud. Traen su felicidad a las fiestas y esa felicidad de ellos es tan agrande que abarca a sus aitites, amatxus y demás miembros. Y siempre es tanta la felicidad que alcanza para todos los que les vemos disfrazados.

    Creo que viendo a los niños reír y compartir entre ellos conectamos con ese niño interior que no ha dejado de existir, y vive aún en nosotros. 

    Creo todos tenemos hermosos recuerdos de algún carnaval vivido por allá por nuestra época escolar, cuando eran nuestros padres los encargados de hacernos o comprarnos el disfraz y ser cómplices en esa transformación que vivíamos al convertirnos en Superman, Batman, Spiderman o en La Mujer maravilla o alguna princesa.