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  • sábado, 1 de marzo de 2014

    "La mañana no estaba para tortillas"

    Estaba de muy mala leche. Se lo noté en los ojos, pero creí eran cosas mías, que voy leyendo a la gente y a veces me equivoco en esas apreciaciones. Esta vez quise equivocarme y le saludé como siempre. No quise ponerle la mano en el hombro, compadecerle sin saber por qué. No era la opción para un sábado a la mañana.



    Apetecía más bien tomarnos un café y algún pintxo antes de seguir a Bilbao. O suprimir el pintxo aquí y antes de montarnos en el metro hacer una parada en aquel café de Getxo, que tiene unas vistas hermosas al Cantábrico y la tortilla con champiñones es una delicia, y bien vale la caminata hasta ese lugar.



    Yo no me había dado cuenta pero mi saludo mañanero no fue respondido con su respuesta de siempre: “Días”. Me senté a la mesa. Y le hice una seña a Álvaro para que me prepara un café. 



    Al verle la cara a Gorka comprendí que mi primera impresión de la mañana sobre él era acertada. Algo le pasaba. No le puse la mano a la espalda aún así. Sabía que amenazaba otra tormenta. Así que fui al servicio. Desocupé mi vejiga.



    Al pasar por la barra saludé a Álvaro y tomé mi taza de café, y aunque las tortillas del "Iparralde etxea" son buenas, la mañana no estaba para tortillas; no al menos al lado de Gorka. Yo no sabía por dónde comenzar a pelar la naranja, así que le pregunté a Gorka, ¿quieres algo? No levantó la mirada. Sólo soltó en tono imperativo y grosero, ¿Quieres sentarte de una puta vez? Me lo tomé de coña y le dije, “¿algo más manda el señor? Y me senté. Y no le vi a la cara, la temperatura del café me estaba entrando…



    -Te parece que yo voy por la vida de sobrado?
    - ¿A qué viene eso? Le dije.
    - Nada. Nada. Tú responde, ¿para ti soy un sobrado?
    -Bueno, tienes tus momentos, pero yo no te calificaría así.

    Me lo quedé mirando. Me preocupaba. No sacaba la mirada de aquella taza de café vacía.

    -¿Crees que soy un tío temeroso?
    - ¿A qué estamos jugando, que no me entero? –Sus medias palabras me molestaban
    - ¡Joeer! Responde la puta pregunta.
    - Inseguro como todos. –Mirándole- ¿Conoces a alguien que no tenga momentos de dudas? Si ese alguien existe y nunca duda tiene serios problemas en la vida.
    - Deja las chorradas y contéstame, ¿soy inseguro?
    - ¿Se puede saber que coños te pasa? Aquello me estaba poniendo de muy mala uva.
    - La vida se me viene encima. No he podido dormir.
    - Primera noticia. No eres el único que ha tenido una mala noche. De seguro Álvaro también la tuvo, posiblemente Giovanna, Goyo, Luís, también la hayan tenido y están aquí currándose el día. Hasta Lenon habrá tenido mala noche si tenía frío y Giovanna no le dejó dormir a los pies de su cama.
    - No estoy para tonterías.
    - Y yo no estoy para acertijos, no me gustan los crucigramas. Dime, ¿qué coño te pasa? o me largo a mi casa y no me ves el careto hasta fin de mes, por lo menos.
    - Ayer me escribió Ainara.
    - ¿Y esa quién es?
    - La chica de la uni… de la que te hablé, que me gustaba.
    - ¿Y?
    - Que me mando a freír espárragos.
    - ¿Ya… tan pronto? Rompiste tu propio récord.
    - No me jodas.
    - Oye, que hay estadísticas sobre el tema.
    - Me trató como un a un niñato de mierda.
    - Vaya no la conozco, pero la cabrearías. –Me mantuve en silencio. Era su tiempo de hablar, ya había creado muchas expectativas. Pero el muy cabrón sólo veía la taza del café. Así que se la quité de la vista.

    - ¿Qué pasó? Me puedes contar.
    - Fue una gran chorrada. Yo estaba chateando en Facebook con Itziar, y de repente me abrieron varias ventanillas y cómo yo estaba con Itziar le dije a los que no conocía que no estaba interesado en hablar con ellos y una de esas ventanitas abiertas era la de Ainara.



    - Me montó un pollo que me bajó la moral al punto que no salí con Itziar.
    - Sigo sin entender.
    - Básico. Le dije a Jon que también estaba conectado, que me la presentara y a éste no se le ocurrió mejor idea que sugerirle a ella que me agregara como amigo. Yo no sabía que la tía estaba conectada en ese momento. Él cabronazo ese no me lo dijo tampoco. Ella me envió la invitación. Yo la recibí, vi la foto y la acepté porque era una tía. Pero no la reconocí. Y no me puse a averiguarle la vida. Al poquito rato me saludó. Y como yo tenía todo un plan montado con Itziar le dije que no estaba interesado. Así empezó o terminó todo. No pasaron ni cinco putos minutos entre que la acepté, me saludó y me echo como a un perro.

    -  "¿´Interesado en ti´?
    - No te estoy ofertando ni vendiendo nada, tío.
    - SÓLO TE SALUDÉ.
    - ¿O un saludo es sinónimo de algo más que, un posible acercamiento en este mundo virtual, y yo aún no me entero? Baja la guardia.
    - Que yo sepa estás en una red social para ver y ser visto. ¿No entiendo qué te pasa entonces? Le dijiste a Jon que querías conocerme y me pareció buena idea iniciar yo la comunicación. Pero ya veo tienes temores, ¿o es falta de seguridad? Pero no seré tu psicóloga. Descuida). 
    - Te recuerdo que estás en una red social y corres el riesgo de toparte con gente saludable, que conozca el fin de ésta, en el más amplio sentido del vocablo, y se interese en saludar a las personas, a ver si del otro lado nace al menos la curiosidad. Si nada más se despierta. Aunque el silencio también es bien entendido.
    También podías responder el saludo con un "Bien, gracias". Y quedabas como un señor, y el mensaje me quedaría clarísimo. Pero esa salida que has tenido es tan pobre y lamentable, que, sólo demuestra ciertas carencias de la humanidad. Pero entiendo no es tu culpa. A todos los sobrados la fortuna les roba algo.

    Suerte.”

    Terminé de leer aquello en la tablet de Gorka y no sabía que decir. Él se levantó, se fue al servicio y yo me tomé mi café.


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