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  • lunes, 17 de febrero de 2014

    La hora menguada.

    Hay fotos que emocionan bien porque son paisajes que deseamos recorrer o porque son sitios donde ya anduvimos y dejamos allí un poco de nosotros, o porque sencillamente lo contrario, a ese sitio lo adoptamos y ahora se encuentra en nuestro inventario, formando parte de nuestros tesoros.

    Pero hay otras fotos que también tienen ese poder de volvernos al mejor ánimo, y son aquellas fotos de gente que llegamos a querer con lo mejor de nuestro corazón, y sin darnos cuenta o atrevernos a reconocerlo, las hemos amado.

    Yo tengo la fortuna, como muchos y muchas de quienes pasean sus ojos por estas palabras, de tener todas esas emociones, que se disparan, sin querer, al ver esas imágenes. 

    Hoy por ejemplo venía al blog con la idea de escribir un post sobre un tema en particular y al revisar mis entradas y los blog a los que sigo me encontré la foto de una actriz, de esas que digo yo se hacen necesarias en nuestra vida, porque gracias a ellas podemos sentir la vida de esos personajes que de otra manera no conoceríamos. Esta foto que vi es de una muy joven Meryl Strep.

    Una foto muy particular porque creo es anterior a la realización de Kramer vs Kramer. Pero si es anterior o posterior no la hace más especial o relevante para mí, sólo que en dicha foto se ve a esta actriz con esa belleza juvenil, venteañera. Tan dulce y frágil e imponente como la femineidad. 

    Al ver la foto se detuvo el tiempo y quise descubrir esos rasgos familiares que me dijeran, "esta es tu meryl Streep". La misma que ahora me desordena las ideas con respecto a la familia al recordar su más reciente actuación en Agosto. Esa misma Meryl que me enamoró en otro roll de madre y esposa, pero también muy mujer, donde se enamora de Clint Easwood, en una de la pelis imprescindibles en la videoteca de cualquier cinefilo como lo es Los puentes de Madison.

    Pero mi mente no se detuvo sólo en estos recuerdos y ahondó más y llegó a la bella melena de otra rubia, y también maravillosa actriz que desde siempre, y mucho antes que Meryl, llegó a mi alma, entró a mi casa cada noche y nos abría su alma a través de la televisión. 

    Me refiero a esa actriz venezolana llamada Doris Wells. Musa de Cabrujas, de Marmol, de Fina Torres y muchos más escritores, libretistas, dramaturgos y directores del patio venezolano.




    Si pienso en la "catirrusia", como la llamaba Carlos Márques, cuando hizo de Eleazar Meléndez, allá a finales de los setenta en una telenovela monumetal como lo fue La fiera, pienso en una actriz que además de belleza física y talento histriónico tenía también gran sensibilidad para la creación. 

    Así que La fiera no podía ser otra que, Raquel, La señora de Cárdenas: Doris Wells. Esta actriz que se atrevió con todo, televisión, radio, cine, teatro. También fue locutora y escritora de dramas de televisión y se atrevió con la dirección de dramáticos. Lastimosamente, cuando empezaba a abrirse paso como libretista un cáncer nos la arrebató físicamente. 

    Yo la recuerdo haciendo tantos personajes. Pero uno que recuerdo con especial regocijo, es el que interpretó junto a la otra grande de Venezuela, Marina Baura, en una adaptación de un cuento maravilloso de don Rómulo Gallegos, La hora menguada.

    https://www.youtube.com/watch?v=ybguXB3HdQ8

    Aquí dejo un enlace para ver un corto monólogo de Doris Wells en La hora menguada.



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